Adolescentes en pandemia

Publicado por Lic. Sofía Gil en

En estas últimas semanas he recibido muchísimas consultas por los estados emocionales y cambios comportamentales de los y las adolescentes en esta época de pandemia.

Me resulta interesante esclarecer que la palabra «adolescencia» proviene del latín «dōlescēre» y significa «adolecer o doler». Lamentablemente en nuestra cultura este crecimiento se asocia al dolor y se conceptúa como algo negativo que debe «padecerse» o «sufrirse».

La adolescencia es una etapa de crisis que, dado la pandemia, se encuentra contextualizada en una doble crisis. Esto puede sonar alarmante, pero tanto personal como profesionalmente me gusta referirme a cada CRISIS como tierra fértil en donde puede cosecharse la OPORTUNIDAD.

Es fundamental que el adolescente se sienta apoyado y comprendido en esta etapa, especialmente por el entorno familiar y escolar, que pueda ir adquiriendo paulatinamente nuevas responsabilidades, que pueda construir sus propios circulos de pertenencia y que pueda disponer de un espacio de contención emocional profesional en caso de necesitarlo. Todo esto favorecerá que esas oportunidades sean realmente posibilitantes a la hora de construir un futuro próspero, de tener un crecimiento saludable, de moldear nuevas relaciones vinculares adaptativas, entre otras especias.

El adolescente se encuentra en una etapa de enormes desafíos y fascinantes aprendizajes, donde construirá sus lineamientos personales (autoconocimiento, gustos, intereses, proyecto de vida, vocación, visión de futuro), y a su vez su propia identidad.

Cuando una persona está atravesando la etapa de la adolescencia, se encuentra con innumerables CAMBIOS RADICALES que irrumpen cotidianamente, y cuando hablamos de que hay cambios radicales hablamos de que hay mucho por PERDER y mucho por GANAR, y en el intento de adaptarse a todo ello es esperable vivienciar todo tipo de EMOCIONES e intentos de huir de ellas o de negarlas ( lo cual se puede observar en algunas conductas que pueden verse como un tanto «extrañas» ).

¿Cuáles pueden ser los cambios radicales experimentados en la adolescencia?

Para explicar estos cambios biopsicosociales , voy a ir basándome en aspectos que Arminda Aberastury desarrolló allá por el siglo XX.

En primer lugar, cada adolescente pierde su propia infancia. Desde la psicología ambiental podemos observar que ciertos factores ambientales (físicos, sociales y culturales) le dicen a esta persona que: ya no puede jugar en peloteros, ver dibujitos animados ni tener actitudes o comportamientos aniñados, así como tampoco (aún) propios de la adultez. No puede continuar con la dependencia total, ni asumir una independencia absoluta. Y aquí yace la primera ambigüedad: no sabe cómo debe comportarse. Pueden presentarse irregularidades en torno a sentimientos de omnipotencia, a irresponsabilidades, a la dificultad de mantener hábitos saludables, a la dificultad de concentrarse, a la necesidad de ENCONTRAR NUEVAS PAUTAS QUE LO DEFINAN, ya no como niño/a, ni aún como adulto/a.

En segundo lugar, cada adolescente pierde la familiarización con su propio cuerpo. Al inicio de la adolescencia se gesta la etapa de la pubertad, donde biológicamente se dan muchísimos cambios a nivel hormonal, que tienen consecuencias físicas (desarrollo de tejido adiposo, crecimiento de vello , cambio de voz, cambios en la estructura muscular, etc). A veces su cuerpo cambia de manera tal, que puede presentar cierta torpeza, incomodidad, vergüenza y/o pudor. Es esperable entonces que realice una revisión de su propia imagen corporal y que este proceso lo transite con cambios repentinos de look, estilos extremos diferentes ( desde rockstars hasta hippies) , e incluso que tienda a asemejar sus gestos, intereses y estilo a alguna persona que admire, entre otras respuestas esperables. Recomiendo que cada adolescente pueda hacer consulta con un médico o médica que facilite la comprensión de aquellos cambios corporales que está vivienciando, quizás acompañado de algunas recomendaciones específicas o, de ser oportuno, derivaciones a otros especialistas. Este tipo de consultas le podrán aportar autoconocimiento, sensación de recobrar el control sobre su propio cuerpo y anticipación a las consecuencias de los inevitables cambios.

En tercer lugar, cada adolescente cambia el tipo de relación que tenía con su familia, y esto debemos COMPRENDERLO en primera instancia como un fenómeno natural, y no como algo negativo. Deberá procurarse su propio proceso mediante el cual comienza a tener mayores vínculos sociales por fuera de su familia, identificarse con grupos de pertenencia más allá de su grupo de origen, donde compartir nuevos intereses, ideas, gustos. Estos grupos, por supuesto también son identitarios, es decir que colaboran con la construcción y reafirmación de su propia identidad. Recomiendo facilitar a cada adolescente la aceptación de sus grupos de pertenencia por parte los integrantes de su propia familia de origen, y brindar dentro de lo posible un espacio físico en los hogares para que pueda coordinar sus reuniones con amigos y compañeros. En casos en los que existan en sus grupos de pertenencia ciertas conductas problemáticas (consumo de sustancias u otros comportamientos ilícitos, etc), es importante abordar el tema con un profesional de la salud y/o equipos interdisciplinarios.

Todos estos cambios sitúan a cada adolescente ante el desafío de buscar una nueva manera de reconocerse a sí mismo/a y de relacionarse con su entorno físico y social, y por lo tanto de construir, en ese vínculo con su ambiente, una identidad propia posible.

¿Qué aspectos de la pandemia podrían hacer la vivencia adolescente aún más compleja?

Tal cual expliqué anteriormente, cada adolescente va buscando nuevas maneras de relacionarse con su ambiente socio-físico, porque en esa relación es donde va encontrando su propia identidad.

En primer lugar, la pandemia obliga a vivenciar el desarraigo de factores que estaban constituyéndose como parte de su identidad: sus propias actividades escolares, su banco de clases, sus compañeros, su merienda favorita al momento del recreo, su relación con los profesores, directivos y amigos, sus actividades extracurriculares, el club, el boliche, las clases de danza, los partidos de fútbol, los mates en el parque, el gimnasio, etc. Todas estas cuestiones que venía construyendo como soporte identitario, se desmoronaron de un día para el otro y exijen un esfuerzo enorme para suspenderse por tiempo indefinido y/o restablecerse bajo nuevas modalidades (desde el hogar, de manera virtual, etc).

En segundo lugar: compartir el ambiente hogareño con su familia. En prácticamente todas las familias durante la cuarentena se ha presentado el desafío de reestablecer las reglas de convivencia, la organización de las tareas domésticas, la negociación y acuerdos para el uso de los distintos espacios en diferentes horarios, etc. Esto ha generado en muchas familias una instancia crítica que ameritó un esfuerzo adaptativo por parte de todos sus integrantes, especialmente para los y las adolescentes.

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Por otro lado, es importante comprender que cada adolescente NECESITA sentir que un pedacito del hogar es SUYO. Puede ser su cuarto, o su cama, o una mesita, o un sillón, o una esquina de patio donde sentarse y pasar tiempo EN SOLEDAD. No podemos elegirselo nosotros ni obligarlo a adoptar ciertos espacios de nuestra casa como propios: ellos mismos deben identificarlo, elegirlo, y detectar que le produce ese sentimiento. A este proceso, desde la Psicología Ambiental, lo nominaremos como TERRITORIALIDAD, y es la asociación de determinados espacios a la propia identidad, seguridad e intimidad.

Les decía que la mayoría de los y las adolescentes NECESITAN pasar tiempo a solas. Esto puede tener varios motivos, el principal es que necesita un tiempo para ASIMILAR los cambios y para ACOMODARSE a ellos. Estos dos conceptos, los ha desarrollado por primera vez hace muchísimos años el Dr Piaget para explicar de qué manera una persona transita cada proceso de ADAPTACIÓN.

En general en la adolescencia existen varias instancias de introspección y/o de repliegue de energía emocional hacia uno mismo o una misma. Hay mucho potencial que, inconscientemente, la persona invierte en su propio crecimiento, en las pérdidas anteriormente explicadas, en los cambios que forman parte del camino hacia la etapa de la adultez, y especialmente, en la incomprensión de todas aquellas personas que no han vivido esta etapa aún (o que la han vivido hace tantos años que ya olvidaron, en parte, las complejidades que se experimentan en la misma).

Luego de enumerar estas cuestiones generales, es importante recordar que no todas las personas transitan necesariamente por los mismos procesos. Por otro lado, si bien las vivencias descriptas anteriormente son esperables, recomiendo que si el paso de una persona por su etapa de la adolescencia implica complicaciones INSOSTENIBLES a nivel familiar, social, escolar, o conductas que pongan en RIESGO SU SALUD Y/O INTEGRIDAD, es importante que se consulte con un profesional.

Acompañemos desde nuestros lugares, bajo una mirada comprensiva y amorosa, el proceso de cada adolescente. Es una etapa de la vida importantísima y precisa de tiempos y espacios sumamente personales.

¡Un abrazo!

Lic. Sofía Gil

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